Hasta 88 millones de toneladas de alimentos se desperdician cada año en la Unión Europea

De acuerdo con la FAO, 793 millones de personas sufren desnutrición en todo el mundo. Y según Eurostat, aproximadamente el 9,6% de la población europea no puede permitirse comprar comida de calidad cada dos días. Estas cifras resultan preocupantes sobre todo cuando el 20% de los alimentos producidos en la UE se acaba echando a perder o se desperdicia.

De media, un ciudadano europeo tira a la basura 173 kilos de alimentos al año, como señalan desde el Parlamento Europeo.

Se desperdician alimentos durante todas las fases de la cadena alimentaria, desde la producción agrícola hasta el consumo final. Sin embargo, es en los hogares (53%) y en procesamiento (19%) donde más desperdicio de alimentos se produce.

Desperdiciar alimentos también supone un uso innecesario de recursos escasos como la tierra, el agua y la energía. Contribuye además al cambio climático: por cada kilogramo de alimento producido, 4,5 kg de dióxido de carbono (CO2) se arroja a la atmósfera.

Nuevas propuestas

El lunes 15 de mayo, el pleno del Parlamento Europeo debatirá en Estraburgo (Francia) un informe de la socialdemócrata croata Biljana Borzan, que será sometido a votación al día siguiente.

“La Unión Europea es una de las comunidades más ricas y prósperas del mundo. Constituye una obligación moral y política reducir las enormes cantidades de comida desperdiciada”, señaló la eurodiputada en una entrevista tras la votación del texto en comisión parlamentaria.

El texto incluye propuestas como reducir a la mitad para 2030 los 88 millones de toneladas de alimentos desperdiciados cada año en la Unión Europea, en la línea del compromiso del conjunto de medidas sobre residuos aprobado en marzo.

Los eurodiputados abogarán también porque se faciliten las donaciones de alimentos y pedirán que la Comisión Europea modifique la normativa sobre el IVA, para que se permitan exenciones a las donaciones de alimentos.

También harán hincapié en la necesidad de poner fin a la confusión entre las etiquetas de consumo preferente y de fecha de caducidad. Según una encuesta Eurobarómetro de 2015, poco menos de la mitad de los ciudadanos europeos entiende la diferencia entre estas dos indicaciones.